Nada se anteponga a la Obra de Dios. (RB 43, 3)

Nuestra misión en la Iglesia es recordar a todos los bautizados la preeminencia de la oración, pues estamos convencidas que el primer compromiso misionero de cada una de nosotras es precisamente la oración. Ante todo orando se prepara el camino al Evangelio; orando se abren los corazones al misterio de Dios y se disponen los espíritus a acoger su Palabra de salvación. Es este nuestro modo más concreto de evangelizar, de apoyar y secundar la labor evangelizadora. La oración entendida como una moneda con dos caras: la celebración fiel y perseverante de la Liturgia de las Horas, la oración pública de la Iglesia, y la oración personal. Son absolutamente inseparables. El Oficio divino nos une a toda la Iglesia, nos hace sentir la catolicidad y hermosura de la unidad con todo el cuerpo eclesial. Es esta una oración objetiva que nos “descentra” de nosotros mismos. Los salmos nos van configurando y nos ayudan a hacer nuestras tantas situaciones humanas.

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La Lectio divina

Una forma muy propia de la tradición monástica de orar es la “lectio divina”, la lectura orante de la Palabra de Dios, con sus “momentos” de lectura, meditación, oración y contemplación, cuya finalidad es la unión con el Señor y la obediencia de la fe en la propia vida.

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